28 abr 2012

El esperado 27 de abril



Un ser humano conoce y sabe que el placer de escuchar música es incomparable, inigualable. La música es el contexto de nuestra vida, produce en nuestro organismo un efecto inexplicable que es capaz de sacar a flote nuestros más escondidos impulsos. El hombre común tiene 1 o 2 bandas de las cuales conoce toda su discografía, historia y su música le provoca un hermoso cosquilleo que le recorre toda la espalda. Para mí una de esas bandas es Pink Floyd.

Hace 4 meses me ofrecieron un boleto para ver a Roger Waters la noche del 27 de abril, en mi ingenua visión me vi observando uno de los mejores espectáculos del mundo y coreando la letra de una música que me ha acompañado desde que conozco la pornografía. La triste realidad es que mientras el ex bajista y ex líder de Pink Floyd desbordaba emociones, yo me encontraba en una estúpida fiesta donde ni la cerveza me sabía.
Veo en redes sociales (Facebook, YouTube, Twitter)  fotografías, vídeos y comentarios de la noche del 27 de abril que me hacen sentir una tristeza nueva, insólita, de sabor amargo sumamente doliente. Estoy desconsolado, he perdido la oportunidad de vivir en carne propia una ceremonia inolvidable y no, no estoy exagerando.

Roger Waters probablemente no volverá a pisar tierras mexicanas y si lo hace, no será para dar un show frente a 50 mil personas como el que me perdí. Puedo decir que en el 2007 observé al Sr. Waters pero sencillamente no es lo mismo, era joven y fue ampliamente superior la función del 27 de abril que la que yo vi.

Espero pronto recuperarme y prometo ya no ser tan desidioso, créanme que aprender por las malas no es nada agradable.

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